martes, 18 de enero de 2011

Un proyecto Imposible

Este post es la continuación de Una historia en Polaroids

Estamos en el 2008. Lugar: Enschede, Países Bajos. Polaroid, después de que desde el 1999 haya tenido que ir despidiendo a trabajadores de su fábrica, decide finalmente cerrar la última planta de producción de carretes.

Negociaciones con otras compañías para vender el edificio y la maquinaria no habían llegado a buen puerto y, finalmente, parecía que la fábrica sería demolida con todo dentro y se construirían viviendas en su lugar. Aunque incluso esas negociaciones habían quedado aplazadas, debido a la caída económica mundial que ya se notaba en el 2008.

En el último minuto, un desconocido contacta con Polaroid, Austria, con la propuesta de adquirir ese último edificio junto a toda la maquinaria y empezar de nuevo la producción. Desde dirección, después de bromear un poco con él, le invitan a la ceremonia de clausura de la planta de producción y, acto seguido, llaman al jefe de la fábrica, André Bosman, para que le transmita un mensaje categórico al misterioso comprador:

No se puede hacer, es

El día de la ceremonia, Bosman buscó a ese tal Florian Kaps para transmitirle el mensaje.

Después de saludarse con un apretón de manos, el jefe de la fábrica supo que, de poder realizarse lo imposible, ese soñador con coleta era el hombre adecuado.


El nacimiento de The imposible Project

La conversación duró toda la noche y bien entrada la mañana. Para sorpresa de todos los trabajadores preparados para dar el último adiós, Bosman detuvo al equipo de demolición antes de que empezaran a trabajar. Las siguientes dos semanas fueron frenéticas: Kaps, Bosman junto a unos pocos hombres más no pararon de contactar con proveedores y posibles socios para convencerles de que creyeran en ellos. El negocio era muy arriesgado y las posibilidades de fallar enormes, pero no por eso se desanimaron.

Después de esas dos semanas, Bosman recibe de sus jefes un ultimátum: Dejaba ese trabajo de locos o ya podía empezar a pensar en presentar la dimisión. Bosman lo tuvo claro: no solo dimitió, sino que para octubre había logrado convencer a Polaroid de que les vendiera la fábrica con su contenido. Bosman, Kaps y el recién llegado jefe financiero y de administración Marwan Saba contrataron a 8 ex-empleados de la planta y se pusieron manos a la obra. La producción de carretes anuales tendría que ser ajustada de 100 a 10 millones de carretes, pero se enfrentaban a un reto bastante mayor.


La re-invención de la fotografía instantánea analógica

No era tan sencillo como poner en marcha las máquinas; los productos químicos únicos requeridos para la producción del Integral Film ya no existían, y además la química que se usaba en las fotografías a color requería de un proceso de maduración ¡de 2 años! Era necesario desarrollar un nuevo sistema que además saliera rentable. La fotografía instantánea tenía que volver a inventarse.

A finales del 2009, y para celebrar el año de la adquisición de la factoría, presentaron la última tira de carretes originales de Polaroid, reempaquetados en una edición especial diseñada por Paul Giambarba, diseñador original de la imagen de Polaroid e identidad de productos durante los años 1957-1977. Sí, si estáis haciendo cálculos veréis que el hombre tenía 81 años: todo un homenaje por parte de Impossible. Y Giambarba supo estar a la altura.

En marzo del 2010, presentan su primer carrete: el PX 100 i PX 600 Silver Shade (blanco y negro). No solo eso, sino que en marzo sacan a la venta una primera versión de su PX 70 Color Shade (color): ¡todo esto tan solo 2 años después de que se hicieran con la factoría!


Para terminar

La verdad es que los productos de The Impossible Project aún están en una fase temprana de desarrollo. Las fotografías, mientras se revelan, son mucho más sensibles a la temperatura ambiente que las originales, con lo que recomiendan resguardarlas en el bolsillo durante unos minutos en cuanto salen de la cámara. Además, los resultados aún son muy inconsistentes, o cómo ellos mismos lo expresan "cada producción de carretes es como una cosecha de vino, es difícil prever dónde o cómo funcionará mejor sin probarlo antes". A un precio de 20€ el carrete (a 2 € por fotografía), para mucha gente aún es un precio demasiado alto como para soportar comportamientos no estables, pero aquel que busque efectos creativos quizá encuentre lo que busque. Seguro que, tarde o temprano, esta gente dará con la formula exacta para producir un carrete a la altura de los originales de Polaroid. Tiempo al tiempo.

Personalmente no he probado los carretes de Impossible, de hecho he disparado tan solo un carrete de 600. Creo que esperaré a que hayan desarrollado un poco más su producto. Aunque, pensándolo mejor, ¿no conservaba yo un carrete original de 600 dentro de la nevera...?


Para saber más:

2 comentarios :

V. Tobenyas dijo...

Sigue así chaval, creer en lo que uno hace es un camino bastante directo hacia la felicidad, y no solo en fotografía.

imnophotog dijo...

Gracias por tus sabias palabras, Vicents!

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